Myrjenavahid

Alto, delgado. Porte regio. Alrededor de los 40 años.

Description:
Bio:

Myrjenavahid, hijo de Myrjenatahir, pertenece a la noble estirpe de las Ochenta Familias de Janto, capital de Licia (Asia Menor). Sus antepasados sobrevivieron, escondiéndose en las abruptas montañas circundantes, a la brutalidad de Cirio II quien, al conquistar sus tierras, procuró que ningún licio volviera a ver el atardecer en sus costas. Licia siempre fue una región con ansias de encontrar su verdadera identidad nacional, y nunca se mostró solícita y sumisa ante cualquier intento de subyugue, a pesar de que desde hace trescientos años los griegos utilizan su puerto y los persas sus tierras y tributos. Bajo el mandato persa, Licia pertenece a la satrapía de Lidia y actualmente está bajo la dirección del sátrapa Pamashtad, vinculado con la dinastía de Janto, iniciada por Kuprilli. Puesto que la sangre de Kuprilli corre por sus venas, Pamashtad cumple rigurosamente con los designios del Sha, si bien, en sus círculos más íntimos, revela su profundo aborrecimiento. El sátrapa se vale de tres funcionarios para velar por el correcto funcionamiento de la región, encargándose respectivamente del cobro de impuestos, de la justicia y de cualquier tema civil. A estos funcionarios se los conoce como “los ojos y los oídos del rey”. Myrjenavahid es el funcionario encargado de lo civil de Lidia, y más que los ojos y los oídos, a él le parece más apropiado ser conocido como “la palabra”, pues, aunque es sabido que desde niño un persa es criado en el arte de la monta y del tiro con arco, Myrjanavahid siempre fue más certero e hiriente con su lengua que con las flechas, cualidad muy del gusto del Sha. Fue educado en el zoroastrismo y, a pesar de ser el más bondadoso de los fieles en su pubertad, con el tiempo aprendió que la tríada humata hukhta hvarshta (buenos pensamientos, buenas palabras, buenos actos) dependen en mucho de la elección moral del hombre, alejándose poco a poco de lo intangible de lo divino. Por esta rebeldía y por poner en duda la ley persa que prohíbe hablar de aquello que está prohibido hacer, su anciano padre le recomienda alejarse de Licia, no como un proscrito, sino como un poeta que contempla su alma antes de revelar sus versos. Aunque contrariado, pide ser destinado a Egipto en calidad de emisario, puesto que muchos de los habitantes de Jonia y Lidia han decidido emigrar hacia allí por la tensa situación política y militar de la zona y su presencia es vital para mantenerlos bajo vigilancia. Sus peticiones son escuchadas y viaja junto a su mujer Mihrozán hacia la ciudad de Jmun (Hermópolis Magna en griego, situada en el Medio Egipto), donde conoce al sumo sacerdote Petosiris, escriba real y en ese momento sacerdote de Sejmet (posteriormente será sumo sacerdote y lesonis –jefe administrativo- del templo de Thot –Hermes-). Petosiris será su gran mentor a pesar de las grandes diferencias culturales y religiosas. El sacerdote le enseñará que un hombre es revivido cuando su nombre es pronunciado, que el faraón es la Gran Palabra y que la combinación de acciones del demiurgo Atum y del dios Ra produjo que la palabra se hiciera materia. Estas ideas se asentaron en Myrjenavahid, que las unió con su visión “humanista” anterior, entendiendo que son las palabras, con sus significados, sus símbolos y sus intenciones son las verdaderas creadoras del mundo, siendo de esta forma el ser humano, como único poseedor real de la palabra, el Uno zoroastrista. Junto a Petosiris aprendió a ser más comedido y calmado, avanzó en el arte de la oratoria y del sutil engaño, consiguiendo así el favor de gente cercana al faraón y el beneplácito del propio Shá. No obstante, Myrjenavahid siente recelo del Shá y de toda la cultura persa, pues a pesar de su máscara de tolerancia y de casi idolatrar la sinceridad personal (como si eso fuera la Verdad Absoluta), destruyen y matan sin otro objetivo que las tierras, sin deseos de modificar la realidad, aunque la envenenan con distracciones dogmáticas y religiosas. Espera con ansiedad velada la llegada de un tal Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia, para que elimine todas esas pústulas y pueda componer una nueva identidad para Licia.

El paradigma de Myrjenavahid es, como no podría ser de otra forma, la palabra. Siendo más concreto, Myrjenavahid no puede efectuar su magia si no conoce el verdadero nombre de aquello a lo que quiere afectar. Puede declamarlas o escribirlas.

Myrjenavahid

Destruyamos el Mundo! CarloLedezma PauRodriguez