Destruyamos el Mundo!

Hoja de ruta
Pequeño resumen de la partida

Antígono, Aristófanes y Aristón se encuentran en Cnosos con una oleada de campesinos que inundan las calles huyendo de sus casas por temor a "quedar encerrados para siempre dentro de ellas. Los tres deciden investigar y viajan junto a un mercader de nombre Jenofante, con rumbo a la región de Vrisina.

Hacen una escala para descansar y comer en el pueblo costero de Rhithymno, donde la situación es mucho más insostenible, por las dimensiones del poblado que se ve desbordado. Myrjenavahid y Ayako acaban de atracar en un barco, procedente de Egipto, y por la mañana, después de que Myrjenavahid haya discutido asuntos comerciales con Timeo de Creta y haya admirado su maravillosa cabeza de minotauro que vigila la entrada a su palacio desde hace tres o cuatro días…. Todos deciden seguir hacia Vrisina, principalmente por curiosidad.

Al poco tiempo, llegan a la granja del mercader Jenofante, sorprendido y asustado por el estado desolado en que se encuentra la región, decide entrar a la casa, donde se pierde de vista y no responde a los gritos que los personajes le hacen.

Tras unos minutos, Antígono decide traspasar el dintel de la puerta y con cada paso las sombras van abrazando su figura y le dan la bienvenida…

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Vrisina

Descubren que lo que está sucediendo es que cuando alguien entra en una casa se pierde en un laberinto de pensamiento e ideas que inducen a un estado casi hipnótico.

Conocen a Uro, quien gracias a su aparente inmunidad ante el fenómeno rescata a Antígono y a Aristón, para luego marcharse a la taberna a beber y posteriormente ser apresado.

Tienen una charla con Timeo, que les ayuda a conseguir una entrevista con Nearco, quien ha llegado esa tarde con soldados desde Cnosos.

Se enfrentan a laBanda de Kaloniceo y consiguen que les guíe hasta las montañas blancas, donde encontraron la cabeza de minotauro y donde suponen que es el origen de el fenómeno…

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La araña, el toro, el tiburón y la gata
Creta

Los héroes de Creta siguieron a Kaloniceo hasta las ruinas de un antiguo templo, que emanaba un poder muy fuerte. Kaloniceo les dice la verdad sobre el sacerdote y la cabeza del minotauro.

Con esta información se hace evidente que Uro tenía mucho más que ver con todo lo que pasaba, así que deciden ir al pueblo a buscarlo, pero justo al marcharse, el espíritu del laberinto se manifiesta con mucho más poder y se dirige hacia el pueblo.

Cuando llegan todos a Ritymnos se encuentra un caos total… el espíritu ha atacado y destrozado casi todo y las gentes, completamente asustadas y entradas en pánico se lanzan al mar, con o sin barcos…

Consiguen liberar a Uro de las prisiones del palacio de Timeo de Creta, e inmediatamente se transforma en un enorme toro blanco que empieza a luchar contra el espíritu araña del laberinto… pero no es lo suficientemente fuerte como para hacerle frente, así que huye en dirección al mar a buscar la ayuda de los magos que estaban en la playa.

Juntos, los magos y Uro, siguen sin ser capaces de someter a la araña, así que Uro invoca a los rokoa y a todos los espíritus en general, pero sigue sin ser suficiente… hasta que Ayako, consciente o no, establece un pacto un espíritu felino, que resultó ser la diosa Bastet, quién finalmente acabo con la araña del laberinto.

Los magos inmediatamente fueron vitoreados y alabados como los heroes de creta por parte de la población y Nearco de Pellas organiza un banquete en su honor.

Después de la celebración, Nearco propone a los magos que se embarquen hasta Chipre para investigar la isla y los personajes aceptan la misión… sin saber que sería el primer paso en una aventura que podría cambiar el destino de toda la existencia.

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Cartas de Myrjenavahid

Carta I enviada al sátrapa Pamashtad, de la satrapía de Lidia.
Mi señor: os envío esta misiva a fin de que sepáis de Vuestra Palabra lo acontecido en Creta en los últimos días pasados. Los tratos comerciales con Timeo, motivo por el que embarqué desde Jmun hacia la isla, han llegado más que a buen puerto. No obstante, mi demora en Creta se debe no a un pobre entendimiento con Timeo, sino a un problema con los vecinos de Vrisina y Rytimnos necesitó de mi intervención, cuya solución ha llevado a estrechar más lazos con esas gentes, el comerciante y hasta el propio Nearco, como sabéis, gobernador de la espléndida ciudad de Knosos. En nombre de la satrapía y de la benevolencia de nuestro Shá, he ayudado económicamente a un grupo de jóvenes huérfanos de las guerras, que sin duda se harán hombres robustos y generosos para con nuestras intenciones. A día de hoy, y bajo la petición de Nearco, me encuentro rumbo a la isla de Chipre, pues he tenido conocimiento de que su puerto sufre algún tipo de cancela que no deja a los buenos comerciantes ejercer su profesión. Puesto que no se me ha encomendado ningún otro encargo de vuestra excelencia, acepté este, yendo con humildad y portando con orgullo el nombre de Licia, para así favorecer tanto las relaciones con ambas islas como la apertura comercial de la última.

Carta II enviada a Mihrozán.
Esposa mía, azucena entre espinas, ojos de paloma. Mi vuelta a Jmun se retrasa. Navego hacia Chipre ahora y la brisa marina que acaricia mi rostro no hace más que recordarme la fragancia de vuestros cabellos. Para vuestro alivio, no ando solo el camino. Me acompaña un grupo de lo más peculiar, ninguno de ellos de gran talante, pero con los que tengo en común los pasos que dimos en Creta. Espero que este tiempo separados cese, que vuelvan a brotar las flores en vuestro seno, mi azucena entre espinas, y que sea yo quien las recoja.

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Las lágrimas de sal en Chipre

A pocas millas de arribar a Chipre, los héroes, junto a Uro y al capitán de “La Estrecha” Taharqo de Kush, se encuentran con una pestilente masa de pescado podrido que tiene una gran extensión y que presumiblemente rodea la isla. Tras alcanzar a marchas forzadas la costa y descubriendo que el pescado ha muerto por una excesiva concentración de sal en el agua, el grupo se dirige al pueblo más cercano, donde la gente está visiblemente alterada y desesperada, no solo por el problema con el agua (pues la potable también se ve afectada y se raciona), sino por un descontento social político, pues se ha puesto, por orden de Alejandro, al hetairoi Pixodoro de Pellas en detrimento del heredero por derecho al cargo, el joven Izmir. Es este el cabecilla de la masa más violenta, lanzando consignas xenófobas contra los griegos y reforzando la idea de ser él la respuesta a los problemas en los que está la isla.

Una vez tratado el tema del agua con Pixodoro y habiendo visitado la mina de sal más cercana sin obtener en ninguno de los dos casos una respuesta satisfactoria, los personajes hablan con Izmir y ante su agresivo comportamiento, consiguen hablar con su hermano menorTimir y con Silas, amigo de la infancia, descubriendo que ambos están en desacuerdo con el discurso de su líder y que están preocupados por su actitud, muy diferente desde que charló con un hombre de pelo rojo hace aproximadamente un mes, justo cuando empezaron a morir los peces, y que se encontraron en un templo a Zoroastro que hay a las afueras. A pesar de la desolación y desamparo que muestra Timir, los héroes se percatan de que, al llorar, el niño no produce ninguna lágrima.

La noche previa a partir hacia el templo y ante la penuria que está sufriendo la gente del pueblo,Antígono y Aristón idean una forma de calmar tanto la sed como los ánimos contra los griegos. En la fuente central de la plaza, totalmente seca, hacen brotar el agua bajo la imagen espectral de un tridente, clara alusión a Poseidón. Durante toda la noche, el pueblo se sintió afortunado y la infelicidad se borró de sus caras. Por su lado,Aristófanes bloquea el recuerdo del misterioso hombre de pelo rojo, Vaumisa de Taga, en la mente del muchacho.

Ya al día siguiente y en el templo, los héroes se topan con un altar sobre el que hay una lágrima de cristal cuya proporción en sal es casi total. Uro señala que la lágrima contiene menos poder y que, de hecho, se está apagando. Antes de destruir la lágrima y retornar al pueblo para comprobar que las cosas han vuelto a la normalidad, se presenta como en una proyección astral Baomisa, menospreciando al grupo y advirtiéndoles de que todo esto les queda demasiado grande.

El siguiente paso será o bien seguir su rastro hacia las ciudades gemelas, o bien adelantarse un poco y encontrar el camino a aquella ciudad que sería la próxima en recibir su aciaga visita. ¿Se separará el grupo para ir más rápido o esta es una de esas veces en las que la unión hace la fuerza?

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El grupo se separa.

Luego de mucho debate, los miembros del grupo siguen si ponerse de acuerdo en cual será su proximo paso, así que deciden separarse e ir cada uno por su lado.

Aristón de Éfeso desea conseguir más información sobre los pitagóricos a la vez que buscar aliados que puedan ayudar a detener a la secta y alertar sobre la creciente actividad sobrenatural que hay en la zona del mediterranéo. Con esto en mente, viaja de regreso a Atenas, donde consigue entrevistarse con el mismísimo Aristóteles, quien resta importancia al asunto y le explica que, según Platón, los pitagoricos están buscando con obsesión unificar el reino material con el mundo de las ideas, pero que esto es imposible por definición, y que lo mejor que se puede hacer es ignorarles, ya que “su misión está destinada al fracaso”.

Antígono, por motivos que aún no quedan del todo claros, acompaña a Aristón.

Myrjenavahid, por su parte, decide hacer lo propio y buscar el consejo de su maestro Petosiris, en la Hermópolis Magna en Egipto.

Aristófanes hace uso de su brújula mágica y se dirige hacia el este, en dirección a las puertas de Asia, entre las ciudades gemelas de Issus e Ipsus acompañado por Uro y Taharqo de Kush.

Ayako también decide seguir su propio camino para continuar su viaje de investigación sobre los mushi y se embarca en el primer navío que encuentra, que le llevará hacia la prospera y creciente ciudad judía de Ascalón.

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Las luna gemelas

Cuando el reducido grupo de Aristófanes, Uro y Taharqo llegan a las ciudades gemelas de Issus e Ipsus a bordo de La Estrecha, notan inmediatamente que cuelgan de cielo dos inmensas lunas llenas, y que los locales están muy preocupados por el asunto, extendiendo rumores sobre augurios malignos y catástrofes que se acercan como castigo a los lugareños por haber adoptado las costumbres griegas, abandonando a sus antiguos dioses y tradiciones.

Sin perder ni un segundo, Uro y Aristófanes se ponen a investigar, mientras Taharqo se queda en el barco. Tras hablar con Sadira de Ipsus, no tardan mucho en encontrar pistas que señalan a un antiguo templo, en mitad de una pequeña isla en el río que separa a las dos ciudades, y al cual acuden con premura.

En el Templo se encuentran con Ismenia de Issus y sus seguidores, en mitad de un extraño sacrificio ritual. Tras la interrupción y de intercambiar unas breves palabras, los cultistas se lanzan a atacar, pero no son rivales para la fuerza física de Uro.

Sin embargo, mientras se libraba la lucha, la sacerdotisa invocó una bruma extraña que la hizo desaparecer. Pero tras una “amable” charla con uno de los cultistas que seguía conciente, descubren que hay una puerta secreta que da a la parte superior del templo.

No costo mucho encontrar el pasaje secreto que daba a unas escaleras que parecían elevarse hacia el infinito.

Una vez que han subido las escaleras, se encuentran con una habitación muy extraña, llena de artefactos y artilugios extrañisímos, donde Memnón de Rodas parece estar durmiendo relajadamente, hasta que Ismenia le toma como rehén mientras le amenza con una daga y le grita que “despierte a sus guardias”.

Memnón, que parece no enterarse de nada dice unas palabras e inmediatamente tres estatuas extrañas cobran vida y se dirigen hacia los Uro y Aristófanes, pero tras caminar un par de metros, se desploman o se quedan inmóviles.

Ismenia entra en pánico y entra en un ataque de histería y tras amenazar e intentar abalanzarce sobre Uro, éste le hace presa y la paraliza.

Aprovechando que la situación parece estar en calma y bajo control, los personajes comienzan a hablar sobre este lugar, sobre el misterio de las lunas y sobre Vaumisa de Taga.

Memnón les explica que el es un “artesano” que ha creado un ejército de esas estatuas vivientes bajo el encargo de Vaumisa, y que ya ha enviado algunos a la ciudad de Ascalón, a cambio de recursos para poder investigar el cielo y otras cosas, y que precisamente, el misterio de las lunas gemelas se debe a uno de sus experimentos con espejos para poder observar y estudiar mejor los cielos.

Ismenia no da crédito a que sus secretos sean revelados tan facilmente y tras escapar de Uro decide quitarse la vida, ya que ha deshonrado a su maestro Vaumisa.

Uro y Aristófanes parecen quedar satisfechos con esta información y deciden que su próximo destino debe ser la ciudad de Ascalón.

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El coloso de Ascalón

Separada del grupo, Ayako desembarca en Ascalón, un pueblo judío que parece prosperar bastante. A su llegada al puerto, ve que ebulle de actividad, y un gentío se mueve de aqui para allá en constante movimiento. Sin embargo, no tarda en darse cuenta de los límites que parece tener este sitio, ya que los marineros y comerciantes no parecen abandonar la zona de los puertos, y no se adentran en demasía hacia el centro del poblado.

Cansada y hambrienta, decide entrar en una pequeña posada dispuesta para los marinos y mercaderes, para recobrar fuerzas. Pero al abrir las puertas del establecimiento se ve sorprendida por un hombre grande que se abalanza sobre ella como un loco desesperado.

Tras el susto inicial, y despues de calmarse un poco, el hombre se presenta como Hypatos, y le invita a comer, insistiendo en que debe hablar con ella, ya que ha viajado desde muy lejos para encontrarla.

Ayako accede, e Hypatos le explica que hay algo que le sigue y que le busca para hacerle daño. Le dice que desesperado, acudió a un Oraculo que le dijo que la única persona capaz de ayudarle era una mujer con rasgos orientales que encontraría en esta zona.

Antes de que Hypatos acabe su historia, Ayako le examina con su mirada mágica y ve que, efectivamente hay algún ser que le busca para cobrar alguna especie de venganza, un ser tremendamente poderoso, que sin embargo parece no poder acceder a este pueblo.

Despúes de comer y descansar un poco, se ponen manos a la obra y deciden investigar el asunto, aprovechando para también dar una vuelta por la ciudad.

Ven que la ciudad está bastante bien cuidada y que incluso tiene adoquines en sus calles y sus edificios se ven de reciente construcción, con los mejores materiales. Un derroche de opulencia, incluso cuenta con gran cantidad de edificios públicos, todos ellos con extrañas estatuas a cada lado de las puertas.

Deciden entrar en la biblioteca, donde se pasan una tarde entera revisando los archivos y buscando pistas sobre la criatura que persigue a Hypatos y sólo se ven perturbados por una extraña estatua, diferente del resto, que parece inacabada o defectuasa, que parece moverse y vigilarles…

Frustrados por no encontrar nada que parezca ser de utilidad, siguen con su gira por la ciudad y acaban cerca de una gran sinagoga, en lo alto de una colina desde la que se ve todo el poblado y que parece ser el edificio más importante, es ese momento en el que Ayako advierte que la prescencia que atormenta a Hypatos se hace debilita con cada paso que dan hacia el templo.

Esto le hace dejar de fijarse tanto en su acompañante y ver por primera vez que en esa ciudad hay algo muy raro. Y entonces cae en la cuenta de que este sitio está rodeado por una extraña aura de muerte…

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Las mazmorras del templo

Ayako e Hypatos son apresados y encarcelados en unas celdas bajo el templo de Ascalón. Allí se encuentran con otros prisioneros

Myrjenavahid y Antígono son transportados en un sueño hasta Issus e Ipsus, donde se reunen con Aristófanes, Taharqo de Kush y Uro, y parten rumbo a Ascalón.

Allí destruyen la mayoría de los Autómatas y descubren que Ayako está prisionera. Deciden rescatarla al día siguiente.

Entre tanto, Ayako, Hypatos y los otros prisioneros consiguen escapar y esconderse en las alcantarillas del pueblo.

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